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martes, 28 de diciembre de 2010
El Cipote y el Montecristo.
Y entonces meó sangre...sí, más sangre de la que le cabía en el oriundo y sudoroso saco de sebo que tenía por cuerpo...y quedóse el cabrón dormido arriando pelos de huevo sobre la taza del báter...
domingo, 10 de octubre de 2010
La historia del bárbaro que quiso ser hombre.
Ando en estos días leyendo a Borges.
El caso es que en uno de los cuentos que incluye en El Aleph, Historia del Guerrero y de la Cautiva, relata la historia de un guerrero del siglo VI que me ha conmovido intensamente. En un principio pensé que la historia era una fabulación, una invención del autor. Luego, investigando un poco, ha resultado ser cierta, y es aquí cuando no me he resistido a compartirla con vosotros.

El pringao de Trock, dándoselas de intelectual y comprendiendo que, en verdad, no entiende nada de lo que está leyendo.
Veréis. Allá por el siglo VI, cuando ya el Imperio Romano de Occidente era poco menos que un recuerdo, un grupo de guerreros longobardos se adentraron en las tierras de Italia sin más ánimo que el saqueo. Su senda de destrucción los llevó hasta las puertas de Rávena, última capital del defenestrado Imperio Romano. Entre ellos caminaba Droctulft, uno más entre los sanguinarios longobardos, fiel a sus creencias y a su tribu. Sin embargo, cuando Droctfult llegó a las puertas de la ciudad y la contempló en toda su majestuosidad, un cambio tuvo lugar en él.

Algo así debía ser nuestro buen guerrero bárbaro.
Repentinamente, como habiendo experimentado una epifanía, decidió en pleno asedio defender hasta la muerte la ciudad que antes quisiera destruir. Luchó hasta la extenuación y con tanto celo que, cuando cayó, los habitantes de Rávena lo enterraron con honores propios de un héroe.

Rávena, la ciudad que hizo ver la luz a Droctulft y que no visitamos en nuestro periplo italiano.
Ya está. Esta es la historia. No hay más. Seguramente, algunos no dudaréis en tacharlo de traidor. Y, objetivamente hablando, lo era. Pero no es eso lo que resulta emocionante de la historia de Droctulft. Lo que sorprende es que, al intentar comprender aquello que motivó al bárbaro, uno termina por darse cuenta de la verdadera dimensión de su descubrimiento. Droctulft, antes las puertas de Rávena, no se rindió a la belleza de la ciudad. Aquel hombre, hecho a las crueldades de la vida nómada y del saqueo constante, apegado a una visión del mundo limitada a sangre, fuego, madera y barro, descubrió de pronto la magnitud del mundo. Del universo si se quiere. De pronto comprendió que aquella ciudad era obra de una inteligencia que le sobrepasaba y que era un monumento a la grandeza humana, a la amplitud del mundo. Destruir la ciudad era cerrar las puertas a una visión mucho más amplia de la humanidad.
De alguna manera, Droctulft quiso dejar de ser un bárbaro para convertirse en hombre. Eso es lo que emociona de su historia que, a fin de cuentas, como la ciudad, se erige como un reflejo de la verdadera voluntad del ser humano: la de romper las propias cadenas y tratar siempre de ser mejores.
Y ahora, para no aburrirnos, una alegre tonada que viene al pelo. Se despide:
Trock.
jueves, 7 de octubre de 2010
Historias de la ciudad I. La Neurosis.

A veces camino sin pensar a dónde voy.
En ese periodo de tiempo y espacio enajenado, que no pertenece a nadie ni sirve para nada, me pregunto, ¿a qué huelen las nubes? ¿A qué huelen las cosas que no huelen? Entonces recuerdo que eso es de un anuncio de compresas y que yo, para bien o para
mal, y por uno de esos caprichos del destino, no soy mujer, ni comparto mi día a día con una mujer, por lo que las compresas me importan bastante poco. Que no digo yo que no terminen por importarme cuando, en un momento indeterminado del futuro, mi hija preadolescente se haga mujer. Pero hoy por hoy, no son mi mayor preocupación.
De manera que sigo mi camino y trato de fijar la atención en otras cosas. Un hombre mayor pasa por mi lado y su apariencia, frágil y extraña, atrae mi mirada. Camina encorvado, casi arrastrando a duras penas su frágil cuerpecillo.

Viste ropas anchas que le transmiten cierto aire de abandono. Los ojillos, hundidos en sus cuencas como refugiados en dos cuevas profundas y oscuras, parecen huir quién sabe de qué, perdidos en otros momentos y otros lugares. Ya transmite una sensación de tristeza tan profunda y contagiosa que es inevitable no dejarse ganar por la compasión, no era necesario, visto lo visto, ir a fijarse en el casco de ciclista con el que se cubre la cabeza.

Ese pequeño elemento, totalmente fuera de lugar, añade un punto de absurdo y de locura que convierte algo anecdótico, quizá entrañable, en desolador. Uno no puede evitar pensar en las visicitudes de su vida, en los motivos que le llevaron a cubrirse con un casco de ciclista, quizá al suceso que le hizo perder la cordura y verse sumido para siempre en tan profunda soledad que camina junto a él, pegada a su cuerpo como una sombra.
Imagino a un hombre joven y a una mujer que, por suerte o por desgracia, lo deja demasiado pronto. Imagino hijos fríos y distantes. Imagino un piso pequeño y oscuro. Miles de posibilidades que tienen en común una existencia gris y solitaria. Y un casco de ciclista que resulta ser la única protección posible contra los golpes de la vida.Me pregunto si algún día quizá termine yo caminando con un casco de ciclista en la cabeza y, de pronto, ya no tengo más ganas de caminar sin mirar a dónde voy. Necesito una dirección. Un sentido.
Entonces el anciano se detiene junto a una bicicleta, donde le espera un hombre joven que sostiene la suya propia. El hombre joven lo recibe con cariño, le da un beso y le ayuda a abrir el candado que la sujeta a la farola. Luego lo ayuda a montar y ambos desaparecen lentamente en la distancia.
Y yo me quedo con cara de tonto y una sonrisa en los labios.
Definitivamente, le doy demasiadas vueltas a las cosas.
martes, 24 de agosto de 2010
Demasiado Tiempo Libre. Spiderman Noir.
Sigo con mi peculiar travesía agostera. Y lo peor de todo es que me gusta. Quizá es que después de un año tan complicado como ha sido este (este par debería decir, el anterior emocionalmente, el actual profesionalmente), me apetece un periodo de tranquilidad.



Donde mejor se está en Agosto, en la playita. Que es justo donde yo no estoy.
Pero como demasiada tranquilidad raya en el aburrimiento, intento compensarlo con lecturas y visionados de películas. Toda una maratón de ociosidad que llevaba atrasada desde hace mucho tiempo. Ya hablé de 500 días juntos. Desde entonces he visto algunas películas más y he recuperado una tradición que tenía completamente olvidada: mis paseitos por el Nostromo (tienda especializada de comics, para los legos en la materia). Incluso me he comprado varios comics, y hacía ya casi 9 meses que no miraba uno ni siquiera por encima.
Y lo mejor de todo es que me han gustado. El viejo friky sigue oculto en alguna parte de mi ser. No se entiende si no que haya disfrutado con Spiderman Noir.

El spiderman noir.
Para quién no lo sepa, se trata de una aproximación al mito de Spiderman desde una perspectiva de novela negra. Es decir, Nueva York a principios de los 30, en plena Gran Depresión. La pobreza y la corrupción campan por sus fueros. Norman Osborn, apodado "el Duende" lo controla todo de maneras poco lícitas. Desde el Daily Bugle, J.J.Jameson y, sobre todo, Ben Urich, intentan mantener la integridad en una ciudad que se ha ido al garete. Cubriendo una de sus noticias, Urich se topa con May Parker, una mujer combativa que intenta ayudar en lo que pueda a los menos afortunados mientras lanza proclamas contra el sistema. Junto a ella su sobrino, Peter, un joven lleno de rabia y, sobre todo, con un acentuado sentido de la justicia. Urich adoptará al joven Parker como su ayudante, claro que la afición del chico por ayudar a la gente terminará complicando las cosas. Sobre todo cuando tenga lugar la picadura de una inoportuna arañita que lo cambiará todo...
Este, más o menos, es el resumen del argumento. Y la verdad es que el comic es tremendamente entretenido. Por supuesto, funciona mejor para quién ya sea fan del personaje y se encuentre a sus viejos conocidos en situaciones muy distintas a las acostumbradas. Sin embargo la historia funciona perfectamente se siga o no al héroe arácnido. Los personajes están muy bien transplantados a la década de los 30, fieles a su personalidad. Me gusta sobre todo el tono rojillo que han añadido a la familia Parker, impensable en el Spiderman de la década actual. Además, y esto debería ser un aliciente para los no iniciados, la historia tiene un tono oscuro y deprimente, realista hasta cierto punto (todo lo realista que pueden llegar a ser este tipo de historias, claro).

La mejor portada de las cuatro. Vaya pedazo de dibujo.
Desde el punto de vista creativo el guión, sin llegar a ser una maravilla, es ágil y está bien estructurado. Igualmente el dibujo es eficiente sin llegar a ser espectacular. Pero todo eso hace que la historia funcione la mar de bien. Tanto que los cuatro números que la componen resultan cortos. Se queda uno con ganas de saber mucho más de las aventuras de este peculiar hombre araña. Y para que negarlo, durante toda su lectura uno no deja de pensar en la gran película que podría salir de todo esto...Lástima que no vaya a pasar nunca.
Me despido, como siempre, recomendando el cómic (de otra manera ni tan siquiera hablaría de él), sobre todo para los que quieran una visión diferente del viejo Spidey. Y en especial para NvN, que sé que odia al personaje.
En la próxima entrega de Demasiado Tiempo Libre, cine. Todos Dicen I Love You, The Cooler y Rocky Balboa. Hasta entonces se despide:
TROCK.
viernes, 13 de agosto de 2010
La Toscana. Lista de Reproducción.
Bien, como este es un blog eminentemente musical, hablemos de música.
En nuestro reciente viaje por tierras italianas, y como no podía ser de otra manera, los Hijos de Vandenberg (tres de ellos al menos), sucumbieron a sus tentaciones consumistas. Para enfado de Julieta, todo sea dicho de paso (Julieta es la compañera sentimental de NvN y gran amiga nuestra, que ha sido bautizada así por SRocker unos posts atrás). El caso es que habíamos alquilado un coche para nuestros desplazamientos y, habiendo localizado una tienda de discos en las cercanías de nuestro hotel, tomamos la determinación de comprar un cd cada día para acompañar nuestros viajes por carreteras. No es que se cumpliera el plan al pie de la letra, pero algo de ello sí que hubo. Así que, junto a los descubrimientos varios realizados en la cadena Radio Gamma de manera fortuita, cada uno de nosotros tendrá, me imagino, una serie de canciones que le recordarán de forma inevitable a la Toscana. Estas que siguen son las mías, algo repetidas, lo sé, pero tampoco es que nueve días dieran para más:
1.-Still Haven't Found What I'm Looking For (u2).
2.-Smooth Criminal (Michael Jackson).
3.-Cover Me (Bruce Springsteen).
4.-Sweet Emotion (Aerosmith).
5.-Giddy up a Go Go (unos tíos que no sé quienes son en la radio italiana).
6.-Where have all the angels gone? (Russell/Allen).
7.-Billy Jean (Michael Jackson).
8.-The way You Make Me Feel (Michael Jackson).
9.-With or Without You (U2).
10.-No Surrender (Bruce Springsteen).
11.-Walk This Way (Aerosmith).
12.-Dream On (Aerosmith).
13.-The Sweetest Thing (U2).
Os dejo ahora con mi favorita por ser la que más nos hizo reir:
Historias del pueblo. El regreso.
Pues sí, hijos míos.
Cuando creíamos terminadas para siempre las historias del pueblo, resulta que vuelven. ¿Por qué?, se preguntarán los más asiduos. ¿No había dejado el pesado este para siempre aquel rincón de la sierra malagueña? Efectivamente y no. La respuesta es sencilla: las raices siempre tiran más de lo que uno puede suponer en un principio.
Pero vamos por partes. Resulta que mi madre decidió hace unos años compartir su vida con un señor que, por casualidades de la vida, se había criado en Alozaina. Sí, efectivamente. El destino tuvo a bien, de entre los cientos de miles de pueblos que cruzan la geografía andaluza, mandarme al de mi padrastro. Así que, cuando amablemente, tanto él como mi progenitora se aprestaron a ayudarme a realizar la mudanza a finales de curso, el hombre se vio de vuelta en los paisajes de su juventud y se reencontró con muchos amigos que tenía olvidados. El resultado: una casa alquilada en la sierra desde la que se divisa el pueblo, allá abajo, convertido en un hormiguero de casitas blancas.
Así que aquí estoy, visitando a mi familia en el mismo lugar al que creí que no iba a volver jamás. Al menos he sacado una lección de todo esto: no se puede luchar contra el destino. Y el mio parece estar ligado a Alozaina.
Y por más motivos de los que me podía llegar a imaginar. Pero claro. Esa es otra historia...del pueblo, por supuesto.
Se despide por ahora:
TROCK
miércoles, 7 de julio de 2010
Historias del pueblo. El despiste.

El pueblo desde la carretera
La última aventura. O algo así.
Creía yo haberme desembarazado de la influencia del pueblo. Había dicho adiós a las cabras. A los montes. A los caminos empinados y llenos de piedras que se te clavan en la planta del pie atravesando incluso la suela de los zapatos. Me había despedido ya de las viejas que te miran de arriba abajo intentando ubicarte en su cerrado esquema cotidiano. De los viejos con sombrero de paja y todo el tiempo del mundo para pasear y la eternidad para sentarse a tomar algo al sol.
En fin, que era la noche antes de las oposiciones y yo me había ido a dormir a Málaga. Pensando, en mi inocencia, que lejos de Alozaina mi conciencia se relajaría lo suficiente y aquella última noche antes de la gran prueba me brindaría descanso y tranquilidad. Al día siguiente estaría fresco, con mis capacidades al máximo.
Claro que el pueblo no pensaba lo mismo.
Ya dije una vez que casi parecía tener vida propia. Y esta vez, incluso en la lejanía, se las apañó para fastidiarme la vida.
Como decía, dormía yo apaciblemente en casa de un amigo cuando, de pronto, a eso de las 3, 30 de la mañana, mi sueño se volvió intranquilo. Terribles seres poblaron mi mente, llenándola de pesadillas. Las cabras se volvían hacia mi en los caminos y me miraban con caras desfiguradas, ojos brillantes y una malsana expresión de puro sadismo. "El carné", me decían con voces de ultratumba, "que se te ha olvidado el carné". Huí de ellas y corrí por las calles del pueblo, que se cerraban sobre mi como un retorcido laberinto. Las viejas se paraban, me miraban de arriba abajo y me decían: "el carné, imbécil, que se te ha olvidado el carné".
Desperté empapado en sudor y caí en la cuenta: me había dejado el carné de identidad en el pueblo.
Las vistas desde mi ventana.
Así que, a las cuatro de la mañana, di por concluido mi sueño y fui en busca del carné. Una vez allí rebusqué infructuosamente por toda la casa. No había manera de encontrarlo. El examen era a las 8 de la mañana. Y allí estaba yo. A las 5 y 30. En el pueblo y sin rastro de mi D.N.I.
Desesperado, descargué mi frustración contra la maleta que había llevado para pasar la noche y, al tirarla, algo salió despedido, posándose con parsimonia, casi con sorna, en el suelo. El carné. Lo había tenido conmigo todo el puñetero rato.
Una vez más, el pueblo había jugado conmigo.
De manera que casi sin dormir me fui directamente a hacer el examen. Al terminar me fui a la playa y caí dormido como un bebé.
Eso sí, con un solo pensamiento en mente:
¿A quién quiero engañar? No sé si el pueblo está vivo o me lo invento, pero la única verdad es que yo, como suele decirse, estoy amamonado. El despiste ya me acompañaba antes de este año.
Así que hasta siempre, Alozaina. Quedas liberada de culpas. Ha sido un año interesante y debo reconocer que, en el fondo, te has portado muy bien conmigo. Maldita sea, incluso me has dado historias que contar.
No, si al final tendré que reconocer que no he estado mal del todo.
Maldita sea.
martes, 22 de junio de 2010
Un final de cuento. Trock.
Como en la escena final de la Guerra de las Galaxias.
Ya sabéis, cuando Han y Luke desfilan entre los soldados en formación y luego son coronados por Leia mientras suena una música emocionante. Cuando éramos niños, todos nos emocionábamos irremediablemente. Queríamos ser Luke o Han y formar parte de la ceremonia, ser recompensados después de haber logrado tan difícil victoria sobre el Imperio.
Quién iba a decirme que con 30 años terminaría por vivir un momento parecido, solo que en la vida real.
Ayer fue la despedida de los alumnos de 4º de Eso y, como pasara con la de Segundo de Bachillerato, se hizo una ceremonia con escenario, diplomas etc. En esta no tuve que hablar, pero como también pasara con la de Segundo, sí hablaron los niños. Y aunque ya había sido emocionante todo lo que me dijeron aquel día, lo de ayer fue especial. Quizá porque yo no estaba mediatizado por los nervios del discurso o quizá porque ha sido esta vez cuando he estado mediatizado por el inevitable final de curso, final de etapa y llegada de oposiciones.
"Tú has hecho que nos sintamos orgullosos de nosotros mismos", me dijeron. Y no puedo imaginar nada que exprese mejor el trabajo que he llevado a cabo con ellos. Cuando los conocí todos tenían un concepto terriblemente negativo de ellos mismos. Eran la clase de los torpes, de los tontos o incluso de los retrasados, como ellos mismos se decían. Y me esforcé por hacerles ver que eso no era sí. Y parece que lo he conseguido. Todos, absolutamente todos, se han graduado. Posiblemente ninguno va a seguir estudiando, pero eso da igual. lo importante es que ahora encaran el futuro con más confianza en si mismos. No puedo vaticinar qué será de ellos. Pero me gusta pensar que les va a ir bien. Y si yo he contribuido en algo a ello, puedo darme por absolutamente satisfecho.
"Con tus explicaciones conseguías que nos transportáramos al momento que estábamos estudiando", me dijeron. ¿Y puede pedir más un profesor de Historia? Esto lo dice todo. Luego me hicieron subir al escenario y me regalaron un llavero, un ramo de flores y una banda en la que podía leerse: al mejor maestro. Casi como si fuera una miss. Tiene narices. Pero dadas las circunstancias, no voy a ponerme puntilloso. Y además, me da igual. Porque allí arriba yo solo podía pensar en la citada escena de la Guerra de las Galaxias. En que yo era Han o Luke y había conseguido mi victoria sobre el Imperio. Esta ha sido mi recompensa tras un año muy, muy difícil.
Y cuando pienso en todas las dudas que me han asaltado este año, en todos los errores que he cometido, empequeñecen y se quedan en nada. Simples lecciones de vida. Después de lo de ayer, entiendo que algo habré tenido que hacer bien, ¿verdad?
Ea, va por mi:
jueves, 10 de junio de 2010
HISTORIAS DEL PUEBLO IV. LA DECLARACIÓN.

Pero a ver quien es el guapo que se pierde la oportunidad de contar lo que voy a contar. No es gran cosa, es una historia pequeña. No va a cambiar la visión de la vida de nadie pero, a mi al menos, ha servido para alegrármela.
Sin entrar en demasiados detalles: el pueblo (ya lo he descrito demasiadas veces, así que voy a ahorrarme los pormenores), un día gris que parece de otoño, el viento que aulla como una manada de lobos, la soledad y mi ánimo aplastado por las horas de estudio. Suena el timbre y corro a abrir, entre sorprendido y esperanzado: ¡alguien ha debido acordarse de mi! ¡Adiós soledad! Pero cuando abro la puerta no hay nada. Miento, hay algo, pero casi pasa desapercibido. Una pequeña nota, escrita en un papelito amarillo, con un corazón dibujado.
Mi primera reacción es pensar que se trata de una broma. Como mi lugar de residencia no es el secreto mejor guardado entre los alumnos del pueblo, alguno habrá decidido, ya al final del curso, reirse un rato a costa del profesor sevillano. Por si no hubiera ya bastante con el rayón que me han hecho en el coche. Vuelvo a mis estudios pero me resulta imposible concentrarme acosado como estoy por una maraña de incontrolables pensamientos. Malditos imbéciles, mierda de pueblo, así os pudráis todos en el infierno...Lindezas por el estilo.
Entonces, cosas de la rutina, sin querer, mi mente comienza a divagar. Puede ser el rayo de luz que se abre paso desde el horizonte que ilumina los rincones más alegres de mi alma, pero lo cierto es que de pronto pienso: ¿y si realmente es una declaración? ¿Y si realmente alguien ha decidido revelar sus sentimientos secretos hacia mi? De pronto el corazón dibujado parece adquirir relieve. Latir incluso. Y el rojo de sus contornos brilla con la fuerza de la misma sangre. Un sin fin de posibilidades cruza mi excitada imaginación. Repaso todas y cada una de las mujeres que he conocido este año pero, para mi decepción, ninguna parece encajar con tan osado gesto. Pero, ¿qué pasa con las que no conozco?
Quizá se trate de una chica del pueblo, tímida e introvertida, que lleva todo el año observándome sin atreverse a dar el paso. Un espíritu soñador y romántico, atrapado en las cadenas de la rutina que por fin se ha decidido a romper.
Estoy detallando el final de nuestra historia de amor cuando vuelve a sonar el timbre. Corro a abrir y se repite la escena. Esta vez, junto al corazón, la nota incluye algunas palabras ciertamente reveladoras: "A love you, Antonio. La hija de tus vecino de emfremte". Vale. Misterio aclarado. Definitivamente alguien bebe los vientos por mi. Lástima que tenga cinco años.
Por lo menos me he reido un buen rato.
lunes, 24 de mayo de 2010
HISTORIAS DEL PUEBLO III. EL MISTERIO.
Lo que empiezo a comprender es que el misterio está en cualquier pequeño detalle.
En este pueblo al menos. Cada vez que salgo a la calle sucede algo que me hace dudar de mi cordura. El otro día fueron las cabras imaginarias (¿no os he contado esa historia? ya tengo el motivo de mi siguiente post). Más tarde vino la premonición.
Y ahora la sandía.
A ver, pongámonos en situación. Última hora de la tarde. Cielo raso y azul. Caricias tibias y reconfortantes del sol poniente. Salgo a comprar varias cosas que me hacen falta y disfruto del paisaje humano. Me sorprendo con una sonrisa en la cara: la vida es sencilla y divertida entre estas calles. Los niños juegan sin preocupaciones. Grupos de hombres mayores caminan intercambiando opiniones en su dialecto incomprensible compuesto, prácticamente, por gritos y onomatopeyas. Las mujeres, sentadas al sol, cuchichean y gesticulan con rápidos movimientos. Saludo a algunas alumnas y entro a comprar en el supermercado.

Las calles de mi pueblo. En realidad debería decir LA CALLE, que lo recorre de principio a fin.
-Mira que sandía más hermosa, están saliendo muy buenas.-me dice la cajera.
Es mona y, para colmo, argentina. Así que a ver quién es capaz de resistirse. Yo no, desde luego, y como, vamos a reconocerlo, estaba tonteando con ella, caigo como un chino. Pago y me voy con una sonrisa de propina y una sandía que, probablemente, se me estropee antes de que termine de comérmela.
Llego a casa, coloco la compra y pongo la sandía en la encimera. Dos horas después me dispongo a cenarla. Y no puedo. Porque no está. La sandía ha desaparecido. Busco por toda la casa, achacándolo a un fallo de mi memoria, que es bastante mala. Busco incluso en lugares donde sería imposible, por no decir absurdo, que fuera a parar una sandía. Y al final me resigno a aceptar que ha desaparecido.
¿Cómo desaparece una sandía? Sería raro si no fuera porque sospecho que este pueblo es más de lo que parece. Un lugar con vida propia. El corazón mismo del misterio. Y para colmo, parece que le gustan las sandías.

Manolo Escobar perdió su carro, yo mi sandía.
Empiezo a pensar que lo que he perdido es la cabeza.
Maldito pueblo.
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